¡No se preocupen por nada! Se dice fácil…

By

“No se preocupen por nada” (Filipenses 4, 6). Se dice fácil, pero vivir libre de preocupaciones, sobre todo en este tiempo descrito como la era de la ansiedad, es un verdadero reto.  Es casi imposible librarnos de la preocupación cuando vivimos en un constante estado de alerta, reaccionando continuamente a estímulos externos, siempre contrarreloj, inmersos en la información y la tecnología, siempre queriendo y buscando más.  Nuestro cerebro está diseñado para ayudarnos a reaccionar efectivamente ante el peligro. En presencia de situaciones estresantes, por ejemplo, los ojos y los oídos mandan señales a la amígdala que contribuye al procesamiento de las emociones.  La amígdala, a su vez, interpreta las imágenes y los sonidos, y si percibe peligro, le manda un aviso al hipotálamo.  Esta parte del cerebro se comunica con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso autónomo y lo prepara para reaccionar.  Cambia la respiración, la presión sanguina, el latido del corazón, y se liberan hormonas…. el cuerpo está listo para luchar o para huir. El sistema nervioso simpático se encarga de proporcionarle al cuerpo la energía que necesita para responder al peligro, mientras que el sistema nervioso parasimpático le permite al cuerpo relajarse y descansar cuando el peligro a pasado, entrando así en una etapa de recuperación1. El problema para muchos de nosotros es que el sistema nervioso simpático parece nunca desactivarse.  Vivimos en un constante estado de estrés, aun en la ausencia de peligro.  La ansiedad es nuestro nuevo estilo de vida.   No sabemos relajarnos y descansar. No logramos recuperarnos.  ¡No encontramos paz! Vivimos apresurados.  El tiempo es nuestro mayor contrincante.  Comida rápida, resultados instantáneos, entregas urgentes, megabytes por segundo, trenes de alta velocidad, y gratificación inmediata.  La rapidez se ha convertido en sinónimo de progreso, pero la insatisfacción en un estilo de vida y la paciencia en una virtud en peligro de extinción. Ingerimos información rápidamente, decodificando datos sin adentrarnos en el conocimiento y en el entendimiento, sin cuestionar, y sin pensar críticamente.  Los límites de la verdad y la mentira se difuminan ante nuestros ojos.   Se debilita nuestra capacidad de poner atención y de reflexionar.  Se reduce nuestra inteligencia y nuestra creatividad. El desconectarnos se nos hace prácticamente imposible y el no tener señal marca un caos eminente.  Nuestros sentidos están activados 24/7.   Los estímulos externos se apoderan de nosotros, debilitando así nuestra voluntad, nuestras disposiciones internas, y hasta nuestra propia identidad. Marchamos al compás de nuestro teléfono, con sus notificaciones, alarmas, y calendarios. Nos movemos al ritmo de Facebook y Twitter, temiendo perdernos de algo. Hemos desarrollado un estilo de vida que promueve la impulsividad y la adicción.  Siempre estamos en búsqueda de placer y recompensa.  Tomando decisiones basadas en reacciones químicas, dominados por la adrenalina, la oxitocina, y el cortisol, fabricando soluciones falsas a través de la sobre-estimulación del cerebro.  ¡Queremos todo y lo queremos ya! ¿Cómo, entonces, podemos manejar efectivamente el estrés y la ansiedad? ¿Cómo podemos apagar este continuo estado de alerta? ¿Cómo podemos encontrar paz? Aquí, tres importantes recomendaciones: vivir el presente, priorizar, y practicar la mesura. Vivir el presente Confiar en Dios y ser agradecidos.  “No se preocupen por nada”, escribió San Pablo, “antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias” (Filipenses 4, 6). Vivir el momento, confiados en el amor y la misericordia de Dios, dejándonos mover por su gracia, sabiendo que en sus manos estamos bien. Vivir agradecidos, reconociendo las bendiciones que nos rodean. Y así, “la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4, 7). Priorizar Enfocarnos en lo realmente importante y valioso. Priorizar nuestro tiempo, pues no todo merece nuestra atención y nuestra energía, no todo nos hace bien, no todo promueve el bien. Priorizar la información que consumimos, separando la verdad de la mentira, lo importante de lo superfluo.  Enfocándonos en la información que nos ayuda a crecer y a mejorar.  Compartiendo información que es de bendición para los demás. Como escribiría San Pablo, “todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta”(Filipenses 4, 8). Practicar la Mesura No caer en la trampa de la gratificación inmediata.  No vivir hipnotizados por la búsqueda de placer y recompensa.   Aprender a decir, “no”, sobre todo a nosotros mismos y a las tentaciones de la sociedad moderna, caracterizada por el consumismo y el materialismo. Implementar un ayuno tecnológico.  Limitar nuestro “tiempo en pantalla”.  La tecnología es buena, pero también es adictiva, pues alimenta la parte mas primitiva del cerebro.  ¡Es importante desconectarnos! Nuestro cerebro necesita descansar.  Por lo menos por unas horas, apaga el teléfono, la computadora, la tableta, la televisión, el radio… el silencio es bueno y necesario. Conectémonos con Dios, con la naturaleza, con nosotros mismos, con las personas que nos rodean.   Y que todos conozcan nuestra bondad y nuestra mesura (Filipenses 4, 5). Carlos Gerardo Quijada, PhD, LPC © 2018 Carlos Gerardo Quijada.  Todos los Derechos Reservados.  1) https://www.health.harvard.edu/staying-healthy/understanding-the-stress-response
Posted In ,

One response to “¡No se preocupen por nada! Se dice fácil…”

  1. Carolina marez olivas Avatar
    Carolina marez olivas

    Tan cierto como que el alimento nutritivo combinado con activación física es nuestra medecina

    Liked by 1 person

Leave a reply to Carolina marez olivas Cancel reply