Preludio

Mi llamado, mi vocación, o talvez mi ego disfrazado de altruismo, me empujan hacer el bien, aunque sea de una forma pequeña y simple.  Quiero creerme capaz de hacer sonreír, de motivar, de inspirar, de enseñar, o simplemente de entretener.

Amanecí un día con la locura de escribir (y años después, de grabar podcasts). Bueno, la locura no era tanto el escribir o grabar sino el decidir compartir mis ideas.  Si soy honesto, la decisión la tome en un estado de profunda ambivalencia.

Escuche en una ocasión a un locutor de radio decir que las personas que escriben un libro (un blog y un podcast, en este caso) lo hacen porque creen que ya lo saben todo y por eso están dispuestos a dejar grabadas sus palabras.   Puedo superficialmente entender este concepto.  Incluso he escrito este párrafo 20 veces intentando encontrar las palabras perfectas.

Y ese es un lado de mi ambivalencia:  el deseo, o más bien la necesidad que brota como consecuencia de experiencias de mi niñez, experiencias que me empujan a buscar la aprobación de los demás. El deseo irrealista pero palpable de saberlo todo y de ser, pues, “perfecto”. La verdad es que no hay nada peor que ser un perfeccionista imperfecto… ¡y de eso soy culpable!

Por otro lado, mi fuerte creencia que los conocimientos y las experiencias son para compartir, sobre todo si pueden ser de bien para los demás.  Mi llamado, mi vocación, o talvez mi ego disfrazado de altruismo, me empujan hacer el bien, aunque sea de una forma pequeña y simple.  Quiero creerme capaz de hacer sonreír, de motivar, de inspirar, de enseñar, o simplemente de entretener.

Por ahora gana mi deseo de compartir mis conocimientos y experiencias, y locuras también, a través de las palabras escritas y grabadas.  Lo hago, no porque lo sé todo o porque sea perfecto.  Ustedes serán testigos de mi falta de conocimiento y mis imperfecciones.  Pero sí tengo algo que dar y tampoco me esconderé detrás de una falsa humildad.

Académica y profesionalmente, mi especialidad es la psicología y mi interés de investigación por muchos años ha sido la relación entre la fe cristiana y la salud mental.   Mi motivación y mi pasión es ayudar a otros lograr una vida plena, tomando en cuenta todas las dimensiones de la persona: cuerpo, mente, emociones, alma y familia. 

No tengo la intención de escribir ni grabar de forma académica… pero si de compartir. Me gustaría pensar que también causaré inquietudes, removeré conciencias, provocaré pensamientos, e inspiraré buenas acciones, aunque talvez eso sea un poco ambicioso de mi parte.

Bueno, al mal paso hay que darle prisa.  ¡Bienvenidos a mi pequeño rincón del mundo… mi mente!

Carlos Gerardo Quijada, PhD, LPC 

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