El dar da miedo. Por lo menos a mí me da miedo.
Por dar, me refiero a la acción de compartir algo para el bien de los demás; algo que es nuestro, ya sea material o espiritual, concreto o abstracto. Puede ser algo que hemos recibido gratuitamente, algo que obtuvimos por algún costo, o algo que hemos desarrollado, como cierto conocimiento o capacidad.
En una historia conocida por muchos, un joven ofreció dos pescados y cinco panes para ayudar a saciar el hambre de miles; una ofrenda muy pequeña ante tan grande necesidad (Juan 6, 1-15). En la historia hay un escéptico, Felipe, y un creyente, Andrés. Uno que limita y otro que motiva. Uno enfatiza el problema y otro propone una solución… sí, una solución dudosa, pero, en fin, una solución. Porque, ¿a quien se le ocurre la posibilidad de alimentar a tantos con tan poco?
La disposición del joven se ha venerado a través de los siglos con poemas y canciones, pero sus procesos internos quedan ocultos. ¿Qué pensaría aquel muchacho ante tan atrevida propuesta? ¿Qué sentiría al ser expuesto de esa forma?
Me imagino que aquel joven se sintió intimidado. ¡Tanta gente! ¡Tanta hambre! Y él con solo dos pescados y cinco panes. Que grande la demando y que pequeña la oferta. Con razón Felipe dudaba y Andrés se sentía inseguro.
Ante las necesidades latentes de nuestra sociedad como el sufrimiento, la desesperanza, y el sin-sentido de tantos; ante la violencia, la injusticia, y la corrupción; ante el hambre de miles que carecen no solo de pan sino de amor, de valores, de motivación, etc., ¿Qué puedo yo dar? ¿Qué puedo yo hacer?
¡Qué miedo! ¡Qué riesgo! Ser burlado y pasar vergüenza… no llenar las expectativas… quedar mal. No puedo hablar por el joven, pero si puedo proyectar mis propios miedos, como claramente ya lo he hecho.
No sé porque me identifico más con los escépticos que con los creyentes. No sé porque le doy más importancia a los que dudan que a los que motivan. No sé porque escucho más a los que enfatizan los problemas que a los que proponen soluciones.
Todos tenemos algo que dar; algo que ofrecer que puede ser de bien para los demás. Tal vez nuestros dos pescados y cinco panes son insuficientes. Pero tenemos de nuestro lado a Aquel que es experto en multiplicación.
Así que si tienes algo que dar, dalo. Si tienes algo que decir, dilo. Si tienes algo que escribir, escríbelo. Si tienes algo que hacer, hazlo. Siempre y cuando busques el bien de los demás. Recuerda que, en las manos correctas, tus dos pescados y cinco panes pueden alimentar a miles de personas.
Carlos Gerardo Quijada, PhD, LPC
© 2018 Carlos Gerardo Quijada. Todos los Derechos Reservados.

Leave a comment